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Naturaleza Educativa

26/11/09

Sancionan a 70 industrias por contaminar aguas

La Superintendencia de Servicios Sanitarios (SISS) fijó multas a 70 empresas públicas y privadas -equivalente al 40%-, de un total de 174 fiscalizadas con normativa ad hoc por contaminar con residuos industriales líquidos cuerpos de aguas superficiales y subterráneos.
Así lo informó la superintendenta Magaly Espinosa, al indicar que 52 establecimientos (29,9%) recibieron una multa directa de la SISS por no cumplir definitivamente con los decretos 90 y 46 del Ministerio Secretaría General de la Presidencia, con montos en unidades tributarias anuales que van de 1 UTA ($ 409.440) hasta 40 UTA, sanción máxima que solamente recayó en Codelco-División El Teniente.
La superintendencia propuso a las Coremas de cada región multas a otras 18 industrias (10,3%) en unidades tributarias mensuales (UTM), cuya valor es de $ 34.120. La máxima sanción recayó en Pesca Chile S.A., con 288 UTM; es decir, $ 9 millones 826 mil, y la mínima a Cervecería Kunstmann S.A., con 60 UTM, $2 millones 47 mil.
Esto último sucede porque el industrial tiene una resolución de calificación ambiental de parte de su respectiva Corema, instancia que puede mantener la multa propuesta por la SISS o modificarla, precisó.
La autoridad explicó que la normativa aplicada viene de comienzos de esta década, dándose más de cinco años a las industrias para adecuarse a la nueva legislación, la que comenzó a regir desde septiembre de 2006.
Incluso, la superintendenta Espinosa recordó que a marzo pasado un 25% de casi 500 establecimientos no estaba cumpliendo las normas, quedando prácticamente con tarjeta amarilla, pero ahora el proceso ha culminado con las sanciones respectivas.
Explicó que 24 industrias fueron absueltas y otras 46 fueron consideradas como con agravantes. En otras palabras, la superintendencia detectó una falla que no es grave, pero queda anotada para comprobar más adelante la superación de la falencia o detectar reincidencia, lo que derivará en multa.
En el caso de contaminación a ductos marinos, la superintendencia envía los expedientes 7 industrias a la Dirección General de Territorio Marítimo que también investiga y multa.
Hubo 25 casos sancionados por la SISS en primera instancia, pero que aún tienen tiempo para ser reconsiderada su situación.
La superintendenta Espinosa dijo que tras esta primera evaluación se seguirá fiscalizando mes a mes en 2008, con multas de mayor cuantía en espera de que se cumpla la normativa.


Girardi: "Catástrofe ecológica"
El senador Guido Girardi, de la Bancada Verde, calificó de "catástrofe nacional" los resultados de la primera evaluación a empresas en la emisión de residuos industriales líquidos, porque implica una contaminación prácticamente a la mayoría de las cuencas hidrográficas del país.
Chile tiene 101 cuencas en todo su territorio.
Advirtió que los datos duros del informe SISS revelan que el 86,2% de las 174 empresas fiscalizadas contamina las aguas en uno u otro grado, quedando absueltas sólo el 13,8%. "Es una catástrofe, porque este nivel de incumplimiento es extrapolable al resto de las industrias que emiten riles o residuos industriales líquidos", sentenció.
Dijo que la pretensión de Chile de ser potencia alimentaria queda en "jaque", debido a que los cursos de aguas contaminadas afectan a todo el ciclo vegetal y animal con metales pesados dañando frutas, leguminosas, vinos, verduras y las carnes blancas y de vacuno. "Varios productos chilenos de exportación ya han sido devueltos desde los mercados internacionales por los residuos tóxicos que tienen", dijo.
Precisó que lo más grave es que al final la contaminación afecta la salud humana con enfermedades diversas. "Es penoso que Codelco sea la empresa que menos cumple. Es negligencia", acusó el legislador.
Como solución, Girardi dijo que está ya en el Congreso una moción para establecer el delito ambiental con copago de multas a los ejecutivos, cuyas empresas contaminan. "Hoy las multas son un chiste".
Consultadas fuentes del sector privado por este informe de la SISS, se declinó por el momento en espera de tenerse la información detallada, por rubros productivos, de ese ente fiscalizador.

25/11/09

Cambio climático

El viernes finalizó la reunión de la Convención de Naciones Unidas sobre Cambio Climático en Bangkok. Al inicio del año creíamos que esta iba a ser la última reunión antes de Copenhague, pero ya en junio se agregó otra en Barcelona (para comienzos de noviembre) y hay probabilidad de que se sume una más entre Barcelona y Copenhague.

Sin embargo todo el mundo sabe aquí en Bangkok que el problema no es la falta de tiempo sino la falta de voluntad política. Los delegados se pasan horas y días reunidos elaborando borradores en cada uno de los temas en discusión. Pero los borradores mantienen -o incluso agregan- textos “en corchetes” (es decir en discusión) pues no existen los acuerdos políticos en los temas fundamentales. En consecuencia, hay avances, como dicen algunos delegados, pero se avanza en clarificación de textos, en el lenguaje, en la formulación de las distintas opciones, pero no en acuerdos sobre las distintas opciones.

Hay decenas de grandes temas en los que hay profundas divergencias. Pero hay tres que quizá sean las más importantes pues determinan el resto. Uno es el porcentaje de reducción de emisiones que asumirán los países desarrollados. El otro es el volumen de recursos que estos van a poner a disposición de los países en desarrollo para financiar los planes de adaptación y de desarrollo. El tercero es el marco legal del acuerdo que se espera alcanzar y su relación con el Protocolo de Kioto y la Convención.

Mercado y recursos

Estados Unidos no ha presentado ningún objetivo de reducción y los demás países desarrollados (salvo honrosas excepciones como Noruega) han evitado asumir mayores compromisos de los escasos que han hecho hasta ahora. Lograr amplios recortes en las emisiones de los países más contaminantes es clave para evitar el cambio climático.

Pero además, el nivel de estos compromisos de reducción de emisiones tiene una consecuencia directa sobre otro de los grandes temas de estas negociaciones: el papel del mercado de carbono en la mitigación del cambio climático. Evidentemente del tamaño de las reducciones comprometidas por los países desarrollados depende el volumen del potencial mercado de carbono. Cuánto menores sean los compromisos menor será la eventual cantidad de certificados que los países industrializados podrían llegar a adquirir en el mercado. De ello dependen a su vez, toda una serie de definiciones: cómo serán las nuevas reglas del Mecanismo de Desarrollo Limpio, cuáles actividades serán permitidas, los proyectos sectoriales, las medidas de mitigación en los países en desarrollo, etc.

Por otro lado hay una fuerte presión de parte de los países industrializados para que la mayor parte de la transferencia de recursos hacia los países del Sur se haga a través de los mecanismos de mercado, mientras la mayoría de los países en desarrollo prefieren limitar este tipo de mecanismos y ampliar la transferencia de fondos directamente para financiar sus necesidades de adaptación y mitigación. Algunos países en particular como Venezuela y Bolivia lisa y llanamente reniegan de cualquier forma de mercado de emisiones.

El G77 + China, a pesar de sus muchas diferencias internas, tiene una férrea y consolidada posición respecto a que si no hay una claro y abultado compromiso de parte de los países industrializados en relación a la transferencia de recursos y tecnología (tal como lo establece la Convención) no habrá acuerdo en Copenhague. Y en esto no se ha logrado avanzar nada aquí en Bangkok.

Crece la división

Estados Unidos llegó a esta reunión con un fuerte posicionamiento respecto de la necesidad de que los países en desarrollo asuman compromisos de reducción de emisiones. Esto no es nuevo. Es una de las razones por las que Estados Unidos aún no ha ratificado el Protocolo de Kioto. Sin embargo había alguna expectativa respecto a un cambio, o al menos una moderación de esta posición con la nueva administración de Obama. Esta ilusión parece haberse definitivamente quebrado en Bangkok. La pretensión con la que llegó Estados Unidos a Tailandia fue terminar con la división entre países desarrollados y en vías de desarrollo que establecen la Convención y el Protocolo de Kioto y poner a todos bajo un mismo sistema de compromisos, aunque con diferentes tipo de obligaciones. A lo largo de la reunión quedó claro que no solo Estados Unidos tenía este propósito sino también la Unión Europea y los países industrializados en general. Obviamente esta posición fue duramente combatida por los países en desarrollo agrupados en el G 77 + China.

La división entre los países industrializados y los países en desarrollo parece haberse profundizado en Bangkok. Durante esta semana el G77 quiso hacer una declaración denunciando el intento de los países industrializados de barrer con el Protocolo de Kioto y la Convención con estas nuevas propuestas. Sin embargo esta habría sido bloqueada por la oposición de 8 países latinoamericanos: Colombia, Costa Rica, Chile, Dominicana, Guatemala, Panamá, Perú y Uruguay.

Un tren sin combustible

Dado que no ha habido avances en los grandes temas políticos y las divergencias parecen aumentar, los avances en la consolidación y nueva redacción de textos resultan completamente inútiles. Si no se logra algún acuerdo de alto nivel en los temas principales por más que se agreguen reuniones y horas de trabajo en los “grupos de contacto” la cumbre de Copenhague a desarrollarse el próximo diciembre parece condenada al fracaso. Un observador aquí en Bangkok ilustraba de esta manera lo que se está viviendo en la capital Tailandesa: “los delegados están por subirse a un tren y discuten sobre el color de los asientos y de qué material están hechos; pero no han verificado que el tren tenga combustible para asegurar la partida”.

Publicado originalmente en ALAI (http://www.alainet.org/active/33568), 09/10/2009.

Emisiones de CO2


Las emisiones a la atmósfera de dióxido de carbono (CO2), principal gas responsable del efecto invernadero, han llegado a su máximo nivel en los últimos 50 años, según mediciones al respecto que se acaban de dar a conocer.

Datos de la estación de monitoreo estadounidense en Hawaii, considerados los más confiables, indican que las acumulaciones atmosféricas de CO2 aumentaron en un 20 por ciento en el período señalado. Pieter Tans, director del laboratorio, declaró al servicio de noticias británico BBC que es preocupante que se haya registrado una concentración atmosférica sostenida de CO2 desde 1958, período de auge industrial.

Las mediciones se iniciaron en la estación científica del volcán Mauna Loa, ubicada a 3 500 metros de altura, un punto ideal para ello. Uno de los factores que puede incidir en el mayor nivel CO2 en la atmósfera, es una menor absorción de ese gas por las plantas, sin embargo, la causa principal es la acción humana, manifestó Tans.

El efecto invernadero es un proceso natural en la Tierra, el problema se presenta cuando se superan las concentraciones normales de CO2 en la atmósfera que inducen el recalentamiento de la temperatura terrestre.

Estados Unidos es el mayor emisor de gases responsables del calentamiento global, pero el presidente George W. Bush rechazó en 2001 el Protocolo de Kyoto, mecanismo internacional para frenar el cambio climático. Bush pretextó que el documento perjudicaba la economía estadounidense y que no exigía a las naciones en desarrollo que redujeran sus emisiones. El protocolo de Kyoto entró en vigor el 16 de febrero último, pero la ausencia de Estados Unidos significa un duro golpe para lograr sus objetivos.

Los efectos del cambio climático ya comienzan a experimentarse, con sequías, inundaciones, derretimientos de glaciares, temperaturas récord, aumento sostenido de las precipitaciones y del nivel del mar. En los últimos cien años el nivel del mar subió alrededor de 15 centímetros; los años más calientes entre 1961 y el 2003 fueron 1998, 2003, 2002, 2001, 1997, 1995, 1990, 1999 y 2000 en ese orden. Los años más calientes, ocurrieron a partir de 1987 y ocho de ellos tuvieron lugar desde la década de los 90.

Conferencia sobre Cambio Climático en Montreal

La soledad de EEUU y la contradicción del sur

Finalmente –y como es habitual– a las 6 de la mañana del día posterior al previsto, finalizó la COP-11 y COM/MOP-1 de la Convención de Cambio Climático. Luego de varias horas en las que Rusia y Estados Unidos pusieron diferentes obstáculos que retrasaron la decisión, los gobiernos reunidos en Montreal adoptaron resoluciones que nos ponen un paso más adelante en la consolidación del Protocolo de Kioto.

Una de las cruciales en esta COP/MOP era cómo se iban a comenzar a discutir los compromisos post 2012. A pesar de las posiciones encontradas que se estuvieron manejando durante estas dos semanas, finalmente los gobiernos acaban de aprobar una decisión que declara iniciada las negociaciones por las metas para el segundo período de compromiso (2013-2017), que comenzará con un workshop en el mes de marzo y deberá concluir con antelación suficiente como para que no se corra el riesgo que quede un “bache” (gap) entre el final del primero y el comienzo del segundo período de compromiso.

Ya durante la semana se habían adoptado una serie de resoluciones importantes relacionadas con los temas de Adaptación, inclusión de la deforestación como medida de mitigación, cumplimiento de los compromisos, etc. que mantienen el rumbo trazado por el Protocolo de Kioto cosa de la que no se tenía certezas al inicio de esta Conferencia. Si bien no se ha alcanzado una fecha precisa para concluir el acuerdo sobre el segundo período de compromiso esta conferencia tenía el mandato de iniciar las negociaciones para el período post 2012 y eso fue lo que hizo. Como es habitual también en la Convención, se avanza pero demasiado poco en cada oportunidad y esta no fue la excepción. También mostró como han evolucionado las posiciones de los países y grupos de países.

La soledad de Estados Unidos

A modo de balance muy preliminar, recién terminadas las negociaciones parece que el resultado es positivo, en tanto pudo sortearse uno de los escollos que aparecían como más difíciles la semana anterior: el bloqueo que Estados Unidos pretendía imponer en las negociaciones. Más que nunca parece haber quedado en soledad esta vez el gobierno de los Estados Unidos –y más concretamente la administración Bush– cuando hasta el propio Clinton dijo ante todo el Plenario y los miles de personas instaladas frente a los monitores, que simpatizaba con el Protocolo de Kioto. Por otra parte Canadá, su antiguo socio en el “Umbrella Group” ha ejercido un liderazgo importante en la conducción de esta COP a través su Primer Ministro Paul Martin y el también canadiense Dion, presidente de la Conferencia.

Paul Martin dijo en su discurso al abrir el segmento de alto nivel el pasado miércoles 7 que “el cambio climático es un desafío mayor, que requiere una respuesta global, aunque hay naciones que resisten, voces que tratan de disminuir la urgencia o desechar la ciencia, o declaran, con la palabra o la indiferencia, que este no es un problema que nos corresponda resolver”, en una clara alusión a la actitud de Estados Unidos durante la COP-11. Y por si quedaban dudas agregó: “Ya pasó el tiempo de pretender que una nación puede quedarse sola, aislada de la comunidad global, porque tenemos una sola Tierra y tenemos que compartirla, y no puede haber lugar donde esconderse –ninguna ciudad en ningún país no importa cuan próspero sea– de las consecuencias de la inacción”.

Unión Europea: el parlamento por más

La Unión Europea ha sido siempre de los bloques más “progresistas” en lo que al problema del Cambio Climático se refiere, empujando hacia compromisos de reducción mayores y apostando a las fuentes renovables de energía. En esta conferencia mantuvo ese perfil aunque hubo algunos titubeos por parte de Italia en el último tramo de la Conferencia. Pero más allá de las posiciones de los gobiernos de los 25 países de la Unión, seguramente pesa la opinión del Parlamento Europeo que votó por 450 votos contra 66 una reducción del 30% de las emisiones para el año 2020, casi al final del período de compromiso que ahora se está discutiendo.

Para la Unión Europea, el movimiento de una economía basada en combustibles fósiles hacia fuentes renovables no responde sólo al problema del cambio climático o las demandas de los movimientos ecologistas. También responde a un problema de seguridad en el suministro de energía y a la necesidad de expansión de su creciente producción de equipos y tecnología en el área de las energías renovables.

El G77 + China

El solo nombre de este grupo de países ya da cuenta de sus complicaciones. Para empezar no son 77 sino que son 130 y China no está afuera sino adentro. Y muy adentro. Pero debe conciliar sus intereses con países tan diversos como Uruguay, India o Arabia Saudita.

China, que espera multiplicar varias veces sus emisiones por el uso del carbón, Arabia Saudita que obstaculiza todo lo que puede las negociaciones para no liquidar su negocio petrolero, Brasil con el mayor índice mundial de emisiones derivadas de la deforestación, lideran un grupo de países, la mayoría de los cuales no tiene petróleo, que está sumido en la pobreza y serán los más afectados por el cambio climático. A pesar de ello ha logrado mantener un bloque que actúa bastante monolíticamente en el ámbito de la Convención de Cambio Climático.

El G77 + China en esta COP-11 ha mantenido su histórica posición de no asumir compromisos de reducción de emisiones con el argumento que la responsabilidad del cambio climático es de los países desarrollados y son ellos quienes pagar el costo de la reducción. Si bien esto es cierto, no es menos cierto que para el año 2017 (cuando finalice el período de compromiso que ahora se está negociando) la brecha entre las emisiones de los países del G77 y las de los países industrializados se habrá reducido bastante y, si no consideramos a Estados Unidos que está afuera del Protocolo, seguramente haya desaparecido.

El Norte del Sur

El argumento más poderoso que tienen los países en vías de desarrollo son los dos mil millones de personas que aún no tienen acceso a la energía. Para lograr satisfacer esas necesidades es necesario acceder a estadios de desarrollo superiores y para ello deben recurrir a fuentes energéticas abundantes y baratas –pues hacerlo con modernas fuentes renovables resulta excesivamente costoso– y es inevitable entonces, además de justo, que los países pobres aumenten sus emisiones de gases de efecto invernadero.

Sin embargo abastecer con energía suficiente a esas dos mil millones de personas solamente significaría un aumento de 0,26% en las emisiones globales mundiales (1). El problema es que nuestros países siguen aplicando la teoría del “goteo” para mejorar la calidad de vida de los más pobres: primero mejoran los ingresos de las clases medias y altas y por impacto de ese crecimiento, mejora la condición económica de los más desfavorecidos. Esto –además de llevar décadas de pruebas en contrario– esconde el problema principal: la verdadera razón por la que los dirigentes de los países en vías de desarrollo no quieren asumir compromisos de reducción de emisiones, no son los dos mil millones de pobres, sino los escasos millones de personas que ocupan las clases medias de esos países que quieren sostener una vida igual a la de las capas medias de los países desarrollados.

Lo que no alcanzan a vislumbrar las clases medias de los países en desarrollo –como tampoco la mayoría de los desarrollados– es que los recursos de la Tierra y la porfiada ley de la Termodinámica impiden que todos los seres de este planeta mantengan el estilo de vida que las clases medias y altas de los países –ricos y varios pobres– hoy ostentan. No hay duda que la responsabilidad histórica mayor la tienen los países ricos, como no hay duda que deberían pagar la cuenta de la transición hacia estilos de desarrollos menos contaminantes. Pero también es cierto que buena parte de las clases dirigentes, elites económicas y estratos altos y medios de las sociedades “en vías de desarrollo” se beneficiaron y se benefician de una cuenta de carbono que ahora le quieren cobrar a los países ricos como si ellos no tuvieran nada que ver.

La postura de G77 + China en la Convención de Cambio Climático sería respetable si el crecimiento económico –y consecuentemente de emisiones– se reflejara en un incremento correlativo en la calidad de vida de los estratos más pobres de esos países. Pero no es eso lo que ocurre, sino que cada vez se amplía más la brecha entre el “Norte” y el “Sur” que hay dentro de los propios países en vías de desarrollo. En la medida que se siga reivindicando el “derecho al desarrollo” como el derecho de las clases medias y altas a tener un estilo de vida como sus pares de los países ricos, el reclamo no tendrá ninguna legitimidad.

Entender este problema y encontrar la solución dentro de los países del G77 + China será sin duda una contribución sustantiva a destrabar las negociaciones de la Convención de Cambio Climático. Sin dejar de reconocer que tanto o más, deben aportar los países desarrollados.

Fuente: http://www.ambiental.net

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