Vive la Armonia con la Naturaleza

Blog de la Naturaleza Educativa Headline Animator

7/9/10

Soja: Hay motivos para alegrarse

Está claro que la agricultura argentina modernizada es veneno-dependiente. No puede prosperar sin envenenar en derredor. Y lo hace con efectos atroces sobre microfauna y flora, pero también sobre seres vivos mayores. Algunos concientizados de último momento están empezando a descubrir que el planeta no está del todo bien con tanto desarrollo, que los mares están exhaustos con tamaño progreso técnico en pesquería, que los campos, como las aguas, el aire, rebosan de elementos cancerígenos y mutágenos que están trastornando toda la biosfera, sin excepción. Y que, nosotros, “dueños del universo”, hasta nosotros, ¡quién iba a decir!, estamos incluidos.

Si analizamos la situación de una de las principales producciones de la Argentina actual, la soja transgénica, dueña de los campos de buena parte de sus provincias, hay motivos para alegrarse.

No la alegría propia de los empresarios y panegiristas del modelo implantado por Menem, mejor dicho del modelo que el Ministerio de Agricultura de EE.UU. le “brindó” a Menem, basado en altos ingresos, deslumbrantes desarrollos tecnológicos y la estadística falaz de los PBI, sino alegría ante la pérdida progresiva de invisibilidad de esa realidad que ha conquistado a la Argentina.

Porque cuando adviene el “nuevo tiempo”, a mediados de la década de los ’90, ese ingreso del poroto manchú genéticamente modificado a los “campos de la patria” lo hace a toda velocidad, con el carácter invasivo que proviene justamente de constituir una política implantada desde afuera, perteneciente a una estrategia geopolítica matrizada en otras latitudes.

Para que una política así concebida tenga éxito, procurará cubrirse cuanto antes de todos los rasgos del “ser nacional” que legitimen su anclaje; por eso no es raro que entre sus promotores y difusores ?los suplementos rurales de los principales diarios argentinos, por ejemplo? se aluda permanentemente a lo criollo, a lo tradicional, a lo telúrico. Aunque, como en la película de S. Kubrick en que al doctor Strangelove a dos por tres se le escapaba la personalidad oculta en el brazo fuera de control, entre las tiradas patrióticas la multitud de chacrers, feed-lots, agri-business, one-shot, challenger, gladiator, dejan entrever algo del origen del sistema implantado.

Y sin embargo, aquella invisibilidad inicial, aquella naturalidad con que a partir de 1996 el suelo argentino se va cubriendo de soja RR, que dejaba a sus refractarios como gente fuera de lo normal (y por otra parte, escasísima), se ha ido deshilachando con el paso del tiempo.

2008, con el fuerte tironeo entre productores agrarios (sobre todo de soja) y gobierno, se convirtió así en el primer mojón del progresivo strip-tease que venimos registrando. Entonces, apareció mediáticamente la palabra clave, “sojización” que habíamos usado algunos durante tantos años al parecer inútilmente.

Junto con el progresivo reconocimiento del significado de la soja GM y la sojización, fue apareciendo el papel de su gemelo siamés, el agrotóxico sin el cual la soja transgénica no tendría sus “efectos milagrosos”. Ese producto, patentado, obviamente por el mismo laboratorio que patentara la soja RR, está basado en un herbicida conocido de antes, el glifosato. Aunque es un error limitar la cuestión de la soja transgénica al grano y a dicho herbicida. Porque en la gama de biocidas, al lado de algunos organofosforados y organoclorados que con muy pocos miligramos pueden fulminar a un humano, por ejemplo, el glifosato sacó fama de benigno, o menos draconiano.

Aunque dista de ser tan inocuo como lo presentara Monsanto,(1) la situación es más grave aún porque el glifosato nunca se “administra” solo. El Round Up tiene complementos y realzadores del glifosato que según muchos informes son más tóxicos que el mismo glifosato, como por el ejemplo el POEA, un surfactante que “prepara” a las plantas, las superficies de las hojas, para ser aniquiladas por la penetración del glifosato.

Jorge Kaczewer, médico e investigador, señala la presencia de una serie de aditivos tóxicos rastreados en las distintas preparaciones de glifosato que se comercializan en Argentina, que exceden largamente la mera presencia de glifosato (N-fosfonometilglicina), incluso unido a su multiplicador, el POEA (Polioxietileno-amina).

Kaczewer registra sulfato de amonio, benzisotiazolona, hidróxido de potasio, ácido pelargónico, y toda una ristra de compuestos químicos que dañan piel, mucosas, ojos…(2)

Tan grave como la presencia de muchos más aditivos de los que se anuncian en “los paquetes tecnológicos” es que se ha acusado a Monsanto de que logró las aprobaciones legales de la soja GM mediante análisis de sólo el glifosato y no de toda la sopa química que realmente constituye el RoundUp.

En ese mismo año 2008 del enfrentamiento sojeros-gobierno, aunque llamativamente el conflicto se centró en los pesos, surgieron otras facetas de la realidad, que van hacia aquella pérdida de la invisibilidad que protegiera en su momento el desembarco del agribusiness.

Un equipo periodístico, p. ej., La Liga, entrevista a un fumigador dañado en su organismo, o a Eduardo de Angelis que se declara totalmente ignaro sobre si el glifosato es un veneno (¿o una golosina?), y se empieza a desvelar el verdadero significado de tanto éxito económico.

No es gratis

Se empieza a discutir el ancho de las franjas territoriales que tendrían que proteger a centros poblados ante el pasaje, devastador, de las fumigaciones, tanto aéreas como terrestres. Las resoluciones municipales al respecto son vergonzosas. 300 metros, 700 metros. Por la dificultad para verificarlas en cada caso, por la existencia del viento, por la presencia de población dispersa y, sobre todo, porque si estamos hablando de fuertes agentes patógenos, que castigan todas las formas bióticas, ?humanos, pero también gallinas, peces, renacuajos, calabacines, yuyos, lechuzas, gorgojos, guitarreros, abejas, mariposas? como admitir y hasta exaltar su difusión?

Sectores cada vez mayores de población empiezan a intuir que esta catarata de éxitos materiales que tanto destaca a la Argentina actual se asienta en un envenenamiento generalizado de los campos. Cuando hablamos de “campos” estamos significando que la biodiversidad característica de los distintos paisajes del país está siendo aniquilada a un ritmo que nadie conoce.

No se trata sólo de una merma de biodiversidad, en sí misma pavorosa. Sobre todo por lo irreversible. Se trata, además, del deterioro de salud que eso va significando para plantas, animales y humanos.

El envenenamiento es parte constituyente del negocio en este caso agrario. No es sólo la fumigación; ése es “el mundo” que los laboratorios nos han brindado: han expendido, p. ej., alegremente durante catorce años un torrente continuo de bidones plásticos que se usan una única vez, use y tire. En el campo, eso ha provocado enorme cantidad de intoxicaciones por restos de venenos en recipientes que pasan a usarse para traslado de agua, por ejemplo.

Al cabo de pocos años, la montaña de bidones empieza acumularse en cada predio. Literalmente. Ni el mal uso ni el uso concienzudo de algunos recipientes para agua, para diésel, para cualquier uso “casero”, puede absorber la llegada sin pausa de nuevos bidones.

Llega un momento en que muchos productores incendian los bidones de plástico para hacerlos “desaparecer”. La contaminación entonces producida es peor si cabe que la llevada adelante con sus contenidos. Porque el plástico quemado genera dioxinas, entre los venenos más poderosos que se conocen. El envenenamiento como se ve, es multiforme, y abarca todo el hábitat, el aire, las aves, nuestros pulmones… Y el “ciclo”, como se ve, tiene cierta semejanza con otros ciclos habidos, políticos, de algún modo hay que llamarlos.

En la última semana de este mismo mes de agosto de 2010 se está por reunir el primer encuentro de médicos que trabajan en medio de poblaciones fumigadas.(3)

Como decía un viejo refrán castizo, se va haciendo difícil tapar el cielo con un harnero. Y nuestra realidad ambiental con su maldita floración de fuentes de daño y veneno es cada vez menos disimulable y cada vez más visible.

Un médico que asumió ante sí mismo la condición de epidemiólogo, trazó un itinerario de investigación sugerente: recorrió los hospitales entrerrianos, una de las provincias más sojizadas de Argentina, para investigar sus historias clínicas de 1996 y de 2006: antes del asentamiento de la soja transgénica y, obviamente, diez años después.(4)

Pudo así verificar, duplicaciones, quintuplicaciones y hasta decuplicaciones de casos de enfermedades que no pueden ser explicadas por ningún otro factor, como aumento poblacional, por ejemplo. Trastornos endócrinos, neurológicos, dermatitis, enfermedades del tracto respiratorio, gripes y neumonías incluidas, diarreas.

Verificó aspectos decepcionantes pero no inesperados: una llamativa falencia de las historias clínicas. No encontró registro alguno, completo, comparable, secuencial, de cánceres y sus distintos perfiles. Quienes fallecieron a causa de un cáncer han sido sistemáticamente registrados como muertos por paro cardiorrespiratorio. Una falsedad manifiesta (5) puesto que el paro cardiorrespiratorio no es la causa de muerte alguna sino su consecuencia más inmediata.

Está claro que la agricultura argentina modernizada es veneno-dependiente. No puede prosperar sin envenenar en derredor. Y lo hace con efectos atroces sobre microfauna y flora, pero también sobre seres vivos mayores, nosotros incluidos.

La sociedad argentina no ha sido del todo indiferente a esta agresión tan basal. Antes de 2008, a veces bastante antes, se denunció como la fumigación aérea arruinó salud y trabajo en Colonia Loma Sené, en Formosa, con decenas de familias agricultoras afectadas y como “las autoridades” locales negaron responsabilidad a la contaminación y les endilgaron culpa a los pobladores afectados por ejemplo con irritaciones cutáneas, acusándolos de mugrientos.

Se denunció asimismo los estragos de la fumigación aérea en Barrio Ituzaingo en la periferia de la capital cordobesa, donde “el avance de la frontera agrícola”, tan aplaudido en los suplementos rurales capitalinos, la llevó hasta los mismos lindes de esas modestas casas, que debieron soportar una y otra vez el bombardeo de veneno desde las avionetas fumigadoras. Una red de vecinos en resistencia pudo comprobar los daños y dar lugar a procedimientos judiciales de contención y refrenamiento del avasallador entusiasmo sojero.

El periodista Carlos del Frade denunció el trabajo infame que los emporios sojeros ofrecían a jovencitos rurales, como banderilleros para “guiar” a los aviones en sus riegos tóxicos, mostrando con sus cuerpos y banderas los límites de la aspersión.

En recuadro aparte reproducimos la carta abierta de una ingeniera agrónoma, que nos parece ilustrativa de lo que está pasando en el país. De lo que estaba pasando desde hace rato, aunque esta carta es reciente, pero que hasta hace un tiempo, parecía una realidad limitada a ser percibida por una increíblemente escasa cantidad de pares de ojos y oídos.

Una investigación que vio la luz en 2009, desde un investigador del mismísimo CONICET, organismo que en cuanto a investigaciones de laboratorio hasta ahora había cumplido estrictamente el papel de los tres monos sabios, ha agitado aun más las aguas.(6) Su investigación revelaba una fuerte toxicidad del glifosato y el ministro de Ciencia y Tecnología del gobierno, Lino Barañao, un ferviente partidario de los “avances tecnológicos”, se apresuró a condenar semejante encare.

Pese a condenas oficiales o al optimismo inveterado de los círculos sojeros y sojísticos, el piso se está moviendo. Una carta abierta reciente de Mempo Giardinelli a Gustavo Grobocopatel pasa revista a un preocupante deterioro ambiental cada vez más generalizado en el Chaco. Y la contestación del principal sojero argentino no hace sino confirmar su acuerdo con el proceso de exclusión, con el de concentración económica y, con inteligencia, sugiere contramedidas, pero obviamente dejando en pie toda la arquitectura de la “nueva agricultura argentina”. Y ha terciado Enrique Martínez, director nacional de INTI, cuestionando los deslindes de Grobocopatel y reafirmando la existencia de un proceso de concentración territorial que Martínez a su vez rechaza basándose en el modelo de unidades de explotación agrícola de EE.UU.

Y la cuestión va ingresando en el circuito mediático y hasta Radio Continental, alimentada desde hace ya mucho por todo el aparato publicitario de la soja, el agronegocio, los laboratorios productores de biocidas (ampliados en los últimos años como semillerías aspirando a monopolizar ese renglón (7)) ha dado lugar a que uno de sus periodistas estrella organizara una mesa de discusión entre partidarios y críticos del modelo de la soja.(8)

Se va haciendo difícil seguir ignorando la intoxicación generalizada, el lento ecocidio a que ha sido sometido el país en tantos de sus territorios. Si la alegación de ignorancia de de Ángelis en 2008 resonó ridícula e insostenible, logrando apenas hacer un hazmerreír de sí mismo, en 2010 invocar esa falsa “inocencia” resultaría ya impensable, imposible.

Pero este cuadro de situación estaría sesgado si no advertimos que el modelo del agribusiness sigue avanzando y a la ofensiva. Por empezar, en términos crudamente materiales; Argentina acaba de sobrepasar la producción anual de 100 millones de toneladas y ya “vamos por más”. Así como hace unos años ésta era una meta casi inalcanzable que en todo caso, los más visionarios veían como el non plus ultra, ahora ya surgen los entusiastas que se plantean alcanzar los 150 millones de toneladas. Esto tiene, por otra parte, una lógica inapelable.(9)

Otra llamativa expresión de esta ofensiva, jugada desde una trinchera lateral o de apoyo a AAPRESID, ASA y a los protagonistas del complejo tecnocientífico aplicado al campo argentino, es el nuevo emprendimiento promovido desde la UATRE y su obra social, OSPRERA, contando con la persona, el líder, Gerónimo Venegas, presidente a la vez y sin alternancia del sindicato y de la obra social, al frente del operativo.

Bajo la consigna “Desnutrición cero” han tirado el globo de ensayo en un lugar no del todo marginal pero de ninguna manera protagónico, Necochea en Buenos Aires, para tener las dos vías a mano: la de mutis por el foro o la de entrada triunfal en “la mesa de los argentinos”.

Se trata de distribuir harina integral precocida de soja y tabletas de Soja Dorada”. Estas últimas son presentadas como “golosina”.

Y uno se pregunta: ¿esta gente no ha leído las resoluciones y acuerdos del “Foro para un Plan Nacional de Alimentación y Nutrición del Consejo Nacional de Coordinación de Políticas Sociales”, que en 2002 bajo la presidencia de E. Duhalde y con el auspicio de su consorte Chiche de Duhalde procuró cubrir la operación “Soja Solidaria” y acabó desautorizando el uso generalizado de la soja?

Duhalde había aceptado el plan de los sojeros para atajar las peores manifestaciones de desestructuración económica y privaciones materiales que castigaron entonces con fuerza a los sectores con menores recursos. Pretendieron la filantropía de las “vacas mecánicas” encarada por rotarios, Charitas y otras almas sojeras de las bellas.

Pero el encuentro de pediatras y nutricionistas condenó sin ambages el remiendo alimentario como alimento básico para niños y particularmente para menores de dos años. La soja no sólo tiene ingredientes indigestos sino que carece de calcio y esto último es lo que no la hace aconsejable para cuerpecitos jóvenes muy necesitados de calcio para “hacerse grandes”.

En todo caso, la soja puede integrarse en la dieta humana general e infantil en particular con el estilo que han explicitado dietistas estadounidenses importados directamente para homologar entonces los planes de sojización alimentaria y que, los desmintieron tácitamente mientras acordaban con la cabeza y explicaban que la soja debía ser un renglón más en decenas de renglones diversos de lácteos, frutas, cereales, aceites, huevos, pescados, carnes…

La jugada de OSPRERA procura precisamente obviar la enzima poco digerible y anuncian que la soja que ahora van a entregar tendrá destruido (por calor controlado) “el factor antitripsina del poroto crudo”.

Leer sus fundamentos, porque de algún modo hay que llamar lo que presentan, no sabemos si constituye una pieza mayor de la miseria nutricional que avanza en el país de la soja o si por el contrario apenas pretende presentar la panacea: “Dadas las condiciones de escasa nutrición en vastas zonas del país” nos revela en sus primeros párrafos; “Combatir la falta de nutrientes esenciales en la niñez” nos dice en otro párrafo; “solucionar, al menos parcialmente, el flagelo de la desnutrición”, palabras de Venegas.

“El porcentaje de personas que viven con menos de un dólar al dìa ha aumentado considerablemente mientras que las condiciones de vida se han deteriorado para las personas que habitan las barriadas marginales.” A esta altura, es fácil advertir la jugada política de Venegas, aliado con los sojeros y enfrentado con lo K. Su alianza en la cúpula cegetista con Moyano, escapa al marco de esta nota.

En el país de los grandes éxitos económicos, el namberuán de un sindicato vinculado con lo rural nos avisa que los pobres se están empobreciendo. Como ya es un lugar común saber que los ricos están enriqueciéndose, tenemos un cuadro de situación inmejorable.(10)

OSPRERA dice que las proteínas que tiene la soja también la tienen otros alimentos, pero, aclara, “esos otros alimentos son los más caros”. Curiosa observación para provenir de un sindicato, aunque sería totalmente lógica desde una patronal.

Luego de brindarnos semejantes datos, nos quiere prestidigitar la realidad y Venegas Mandrake nos aclara: “Este programa es algo que no cambia la cultura de la alimentación.” Como si la población argentina pudiera seguir comiendo lo que comía tradicionalmente.

Caricaturas ficcionales para un país modernizado al galope tendido.

Otra vez debería quedar en manos de la sociedad enfrentar estas “movidas” que insisten en el país experimento donde todos somos “invitados” a ser conejos de indias de una ingestión masiva de soja.

Además de la alegría que señalábamos al principio por la pérdida progresiva de invisibilidad de lo que cayó en el país como una invasión tecno-ideo-geopolítica, podríamos también festejar el sainete que ya vemos en varios puntos del horizonte, si no fuera tan trágico como efectivamente es: nos referimos al apresuramiento con que los más conspicuos representantes del agribusiness, de la concentración económica y su modalidad internacional ?que con acierto llama L. Boff globocolonización?, los hasta hoy partidarios acérrimos de las “economías de escala”, de la contrarreforma agraria militante, de las políticas de exclusión mediante la separación sistemática de capas sociales entre winners y loosers, los entusiastas de la filantropía con que calmar sus almas más sensibles frente al despojo material que convierte en despojos a tantos humanos, toda esa corte, o más bien cohorte, de los milagros económicos está empezando a descubrir que el planeta no está del todo bien con tanto desarrollo, que los mares están exhaustos con tamaño progreso técnico en pesquería, que los campos, como las aguas, el aire, rebosan de elementos cancerígenos y mutágenos que están trastornando toda la biosfera, sin excepción. Y que, nosotros, “dueños del universo”, hasta nosotros, ¡quién iba a decir!, estamos incluidos.

Toda esa pléyade de concientizados de último momento es bienvenida. Con una sola condición: que no quieran hacernos creer que son los que descubrieron la pólvora. La pólvora ya está descubierta, para todos.

Y sobre todo, que si han cooperado alegremente en el festín del derroche, que no nos lleguen a decir ahora que lo han enfrentado siempre. www.ecoportal.net

4/9/10

El lado Oscuro de lo que comemos

Cada día nos llevamos a la boca decenas de alimentos. Confiamos en marcas como Kraft, Coca-cola, Nestlé, Danone. Pensamos que los nuevos alimentos funcionales, a los que se les atribuye cualidades terapéuticas, como huevos enriquecidos con ácidos grasos omega 3, leche y yogures fermentados con cultivos probióticos y cereales con ácido fólico nos permitirán vivir más y mejor. Pero hay un lado oscuro de aquello que comemos.

El uso de colorantes, edulcorantes, emulsionantes y saborizantes es una práctica habitual a la hora de procesar los alimentos que consumimos. En Estados Unidos, y a través de la ingesta de comida, se calcula que cada ciudadano toma anualmente 52 kilos de aditivos, hecho que genera crecientes dosis de intolerancia y alergias a los mismos. El ingrediente artificial que más problemas genera es la sacarina, el más extendido de todos, junto con la cola y la cafeína.
Según una investigación realizada en la Universidad de Southampton, en el 2007, por encargo de la Agencia de Estándares Alimentarios del Reino Unido, la mezcla de colorantes artificiales alimentiarios con el benzoato de sodio, un conservante utilizado en helados y repostería, produciría un aumento de la hiperactividad en niños. Cómo señalaba el profesor Ruperto Bermejo, experto en colorantes alimentarios de la Universidad de Jaén, la solución pasa por sustituir los colorantes artificiales por otros de naturales, sin embargo "para la industria, el coste de los colorantes naturales es mucho más elevado que el de los sintéticos". Una vez más los intereses económicos prevalecen por encima las necesidades y el bienestar de las personas.
Y es que unas pocas empresas monopolizan cada uno de los tramos de la cadena agroalimentaria, desde las semillas, pasando por los fertilizantes hasta la distribución de los alimentos. La distancia entre el campesino y el consumidor se ha ido alargando en los últimos años, con la consecuente pérdida de autonomía por parte del productor y la creciente mercantilización de la comida. Unas pocas empresas acaban determinando aquello que comemos: qué, cómo, cuándo y dónde se elaboran los alimentos y qué precio se paga por los mismos tanto en el origen, al campesino, como en destino, en el supermercado.
El derecho a decidir en las políticas agrícolas y alimentarias no está hoy garantizado. Hay que reivindicar el derecho de los pueblos a la soberanía alimentaria, el acceso del campesinado al agua, a la tierra y a las semillas, a poder escoger alimentos libres de transgénicos. Sólo así nuestra seguridad alimentaria será una realidad.

3/9/10

Biologia general

Libros para Licenciatura en Biologia





Incluye los siguientes libros en formato pdf:

Abordaje sociopolitico en la educacion
Anatomia y fisiologia humana
Biologia general
Biologia marina
Biomatematica
Botanica
Ecologia general
Embriologia e histologia comparada
Pasantia biologia I y II
Fisiologia animal comparada
Fundamentos de educacion ambiental
Fundamentos de genetica humana y de las poblaciones
Fundamentos de fisica y biofisica
Fundamentos de geologia
Fundamentos de quimica y bioquimica basica
Fundamentos historico-filosoficos de la educacion
Informatica basica
Metodologia del trabajo cientifico
Pedagogia y didactgica
Investigacion practica y pedagogia - biologia I al VI
Psicologia de la educacion
Zoologia I y Zoologia general y comparada

descarga desde mediafire:
http://www.mediafire.com/file/g8zhgg87a1paw/Licenciatura%20en%20Biologia.rar

descarga desde megaupload:
http://www.megaupload.com/?d=AWS7WJ7E

De regalo: dos libros de biologia general

mediafire: http://www.mediafire.com/file/usbw9ibcitmttca/biiologia%20yapa.rar
megaupload: http://www.megaupload.com/?d=8BHNW7P7

Ratifican el uso del herbicida glifosato

La nota donde se expresa que en los Estados Unidos ratifican el uso del herbicida glifosato, por parte de la Agencia de Protección Ambiental, es un fiasco. La corresponsal del diario La Nación dice que la Agencia ubica al herbicida en la categoría más baja de toxicidad. Sin embargo ni en la página oficial de la EPA, ni en la nota “las autoridades que destacaron que el herbicida glifosato cuenta con las autorizaciones correspondientes para su venta y su uso, e informaron que lo catalogan como "ligeramente tóxico", son visibles.

Además, recordaron que en la agricultura norteamericana se consumen no menos de 65.000 toneladas anuales del producto.

Esta declaración fue formulada ante una consulta de LA NACION a raíz de que en la Argentina algunos científicos del Conicet plantearon objeciones al glifosato.

Mientras los investigadores locales aseguran que el glifosato produce malformaciones en embriones anfibios y advierten sobre los peligros de la exposición, un vocero no identificado señala lo contario.

La investigación argentina a la que el ministro Lino Barañao atacó con el guiño indisimulado de no se sabe quién, fue difundida por la Chemical Research in Toxicology, la reconocida revista de la Asociación Química de los Estadios Unidos (American Chemical Society, ACS), lo que se interpretó como un nuevo impulso a su posición.

Según el textual de la nota del diario “Al contrario, no sólo la autorización sigue en pie, sino que, a diferencia de lo que afirman los técnicos argentinos, aquí se considera al glifosato como ligeramente tóxico”, en el caso de que se lo consuma, se lo inhale o que entre en contacto con la piel, podríamos decir que estamos frente a una cafiaspirina o un tecito.

Según la famosa fuente la próxima evaluación de la EPA estará lista para 2014 y se realizará en colaboración con el organismo similar de control de medio ambiente de Canadá (PMRA).

La nota en cuestión además estuvo acompañada de la publicidad de dos reconocidos actores del sector Dekalb y de Sygenta.

Esta corresponsal que parece haberse aburrido de los shopings decidió que Washington podría tener ese “no sé qué” que no encuentra en el los países de habla hispana. Como todavía se está aclimatando a los vaivenes yankees, no debe conocer el Centro Nacional para la Información de Biotecnología (NCBI) que es parte de la Biblioteca Nacional de Medicina de Estados Unidos (National Library of Medicine), una rama de los Institutos Nacionales de Salud (National Institutes of Health o NIH). Démosle la brújula para que pueda llegarse una escapadita a Bethesda, Maryland y conozca ése lugar que es una importante fuente de información de biología molecular, pero no es fuente de pasquines. Ya vimos sus resultados: -nadie le creyó.

Seamos generosos y démosle una ayudita extra. Aconsejamos lápiz y papel porque la lucidez del escrito me hace dudar de la rapidez manual de la autora para una notebook. Como el público ya conoce de memoria los estudios internacionales más nombrados, vamos a citar otros para no caer en el aburrimiento que nos sumió la nota que nada agrega ni nada quita, pero oscurece.

El sitio recomendado que publica el estudio argentino del Conicet también publica otros muy interesantes, a saber:

En junio de 1991, la Agencia de Protección Ambiental (EPA) clasificó al glifosato como un compuesto clase E (de acuerdo a la EPA, hay cinco categorías de carcinogenicidad), lo que significa que probablemente no es carcinogénico en seres humanos. Por desgracia, el estudio realizado por oncólogos de Suecia en 2001 demostró que el glifosato sí puede producir cáncer al sistema linfático. Los resultados del estudio sueco han cambiado la opinión sobre la "seguridad" de este herbicida. La investigación ¿El glifosato es un pesticida no tóxico? fue realizado por el Departamento de Biología y Ambiental de la Universidad de Lodz, Polonia.

Otro estudio del 2007 realizado por científico de la Corporación Universitaria Rafael Núñez, Cartagena, Colombia “La citotoxicidad del herbicida glifosato en células mononucleares de sangre periférica humana” (Martínez A, Reyes I, Reyes N.) muestran que las formulaciones comerciales de glifosato son más tóxicas que el componente activo en sí.

Células humanas mononucleares sanguíneas periféricas fueron expuestas a diferentes concentraciones de glifosato, ya sea grado técnico o en forma de Roundup durante 24, 48, 72 y 96 horas. La citotoxicidad se determinó mediante el método del azul tripán (es un coloide que se introduce en el interior de las células que presentan roturas en la membrana) y la determinación del daño celular con el reactivo de XTT.

Este estudio in vitro confirman el efecto tóxico para las células humanas por el glifosato y sus formulaciones comerciales son más citotóxicos que el componente activo por separado, el apoyo a la idea de que los aditivos en las formulaciones comerciales juegan un papel crucial en la toxicidad atribuida a los herbicidas a base de glifosato.

Otras ranitas australianas, para dejar tranquilas a las del Conicet que ya bastante tienen que soportar a Barañao, ya en 1999 demostraron que las pequeñas diferencias en la sensibilidad al glifosato fueron evidentes. Algunas especies de renacuajos muestran una mayor sensibilidad que otras dice la investigación de la Escuela de Biología Ambiental de la Universidad Curtin de Tecnología, pero prueba su toxicidad. El trabajo lleva el título “La toxicidad de las formulaciones de glifosato en cuatro especies de ranas australianas”

La publicidad de Monsanto ha llevado al público a creer que el Roundup es más bueno que Lazzy. Nunca reconocen que los estudios utilizados para el registro inicial RoundUp fueron fraudulentas. Tampoco dicen que un Fiscal General de Nueva York obligó a Monsanto a pagar al estado de Nueva York 250 mil dólares por su publicidad mentirosa del herbicida. La empresa viola el acuerdo dentro de Nueva York, y un segundo acuerdo fue negociado. Algo que muchos fiscales argentinos deberían tener en cuenta, al menos para salvar el decoro de algunos jueces distraídos que no sabemos qué hacen con las denuncias de fumigaciones.

La provincia de San Luis también figura en la base tan numerosa que ésta corresponsal desconoce. Por ejemplo el trabajo “Efecto del herbicida glifosato sobre la actividad enzimática en ratas embarazadas y sus fetos”.-Para evitar el riesgo para la salud de las sustancias químicas del medio ambiente, en particular para la progenie, se han estudiado los efectos del herbicida glifosato en varias enzimas de ratas embarazadas. El tratamiento se administró durante los 21 días de gestación, con una semana como período de aclimatación. Los resultados sugieren que la exposición materna a los agroquímicos durante el embarazo induce una variedad de anormalidades funcionales en la actividad específica de las enzimas en los órganos estudiados de las ratas embarazadas y sus fetos.

Así que desde el año 2001 la Cátedra de Bioquímica Biológica Molecular de la Facultad de Química, Farmacia y Bioquímica de la Universidad Nacional de San Luis, Argentina.(Daruich J, Zirulnik M, MS Giménez) ya venía estudiando el tema.

Es una de las investigaciones que tampoco fue citada en ninguna de las 133 hojas del informe de la Consejo Científico Interdisciplinario elaborado en julio del año pasado para la Comisión Nacional de Investigación sobre Agroquímicos, Decreto 21/2009.

Por citar solo algunos otros ejemplos, se ha demostrado que el RoundUp causa irritación de la mucosa oral y el tracto gastrointestinal, disfunción pulmonar, oliguria, acidosis metabólica, hipotensión, leucocitosis y fiebre. En ésta investigación participó una toxicóloga de Monsanto, Rebecca Tominack. (Tominack RL, GY Yang, Tsai WJ, HM Chung, Deng JF, 1991. Taiwan Centro Nacional de Intoxicaciones encuesta de ingestiones herbicida glifosato tensioactivos. J Toxicol Clin Toxicol 1991, 29 (1): 91-109).

Lo que desconocemos es qué si ésta toxicóloga sigue perteneciendo a la empresa después de semejante conclusión.

Monsanto también afirma que el glifosato no es un inhibidor de la colinesterasa. Sin embargo, el glifosato es un organofosforado y los "efectos tóxicos de los organofosforados se basan en la inhibición irreversible de la acetilcolinesterasa (AChE) y serina hidrolasas" (C Viragh, IM Kovach, L Pannell, 1999. Pequeños Productos moleculares de la Desalquilación en somán-inhibido acetilcolinesterasa anguila eléctrica. American Chemical Society, 11 de junio de 1999.)

En 1988, Sawada Yusuke, et al. hizo un estudio en el que llegaron a la conclusión de que el surfactante en el Roundup (POEA) es más tóxico que el ingrediente principal de RoundUp, glifosato. Un estudio realizado por Servizi et al en 1987 encontró que el POEA es de dos a tres veces más tóxico que el glifosato, y que la sinergia de los dos ingredientes pueden ser incluso más tóxicos que los dos ingredientes juntos.

La respuesta a si en la formulación del RoundUp es un inhibidor de la colinesterasa sólo puede ser determinado observando la evidencia anecdótica. Muchos médicos, sin embargo, basados en la publicidad de Monsanto que el glifosato no es un inhibidor de la colinesterasa, se niegan a ésta prueba en las víctimas de envenenamiento por RoundUp, por lo que evidencia no es fácilmente disponible. (Sawada Y, Y Nagai, Ueyama M, Yamamoto I, 1988. Toxicidad previsto del agente tensioactivo en los herbicidas que contienen glifosato comercial. Lancet. 1988 6 de febrero, 1 (8580): 299.)

Un área que aún no se ha explorado es el impacto del proceso de degradación del glifosato en el ciclo de la serina (uno de los veinte aminoácidos naturales más comunes en la tierra). El ciclo de la serina juega un papel importante en la inhibición de la colinesterasa en los seres humanos. De la investigación disponible, es fácil concluir que, mientras que el glifosato en sí mismo no podría ser técnicamente anticolinérgicos, los productos de degradación del glifosato podrían muy bien ser los inhibidores de la colinesterasa.

En un estudio publicado en la Journal of Environmental Health Science en enero de 2001, (El-Demerdash, Yousef, y Elagamy IE) del Departamento de Estudios Ambientales, Instituto de Estudios de Posgrado e Investigación, Universidad de Alejandría, Egipto informó de que la toxicidad del glifosato quedó demostrada en las siguientes enzimas humanas vitales: la acetilcolinesterasa sérica (AChE), lactato deshidrogenasa (LDH), aspartato aminotransferasa (AST), alanina aminotransferasa (ALT) y fosfatasa alcalina (ALP).

En comparación con el paraquat, el glifosato resultó ser más tóxico para esas encimas lo que demuestra que el glifosato es de hecho un inhibidor de la colinesterasa, pese a las afirmaciones de Monsanto.

Y para concluir señora corresponsal, le dejo una listita de Inhibidores de Colinesterasa:

El veneno de la serpiente, el gas zarín, el Metomil (insecticida a base carbamatos usado para el control de plagas en hortalizas), los glucoalcaloides, los plaguicidas de Síntesis de Naturaleza Fosfática entre otros.

¿Qué efectos causan? excesiva salivación y ojos llorosos en bajas dosis, seguido por espasmos musculares y finalmente muerte.

Será por eso que los transgénicos son rechazados en la Unión Europea, que en Canadá hay un Proyecto de ley llamado C-474, que podría decidir el futuro de los cultivos transgénicos, y que Europa encontró restos de plaguicidas en las lluvias, y que Suecia cree que distintos tipos de cánceres comunes pueden ser causados por los pesticidas.

Estos informes ayudan a explicar por qué los políticos de allí tienen tanto interés en imponer impuesto sobre el uso de pesticidas, que sería un impuesto popular con la aprobación de una gran mayoría del público. ¿No le parece?

2/9/10

Por el desarrollo ecológico en Uruguay

Montevideo quiere alentar la inversión productiva con estrategias que permitan conservar los recursos naturales, expresó el ministro de Economía, Fernando Lorenzo, en una conferencia sobre innovación y desarrollo social organizada por el Consejo de las Américas.

"La primera agenda de un país que quiere avanzar a través de la innovación e impactar sobre el desarrollo social es alentar la inversión productiva", aseguró el ministro de Economía uruguayo Fernando Lorenzo, quien estimó que las cadenas productivas sustentadas en los recursos naturales como la minería y la forestación son potenciales focos de captación de inversiones. De todos modos alertó que el Estado y los particulares deben desarrollar estrategias que permitan conservar esos recursos naturales.

"Los uruguayos no tenemos ninguna oportunidad y mucho menos tenemos un derecho a hacer un mal uso de los recursos naturales", expresó Lorenzo. "Podemos equivocarnos en muchas cosas, podemos discutir sobre innumerables formas de movilizar a la sociedad, los negocios, la economía, y promover la innovación, pero estamos llamados a hacer de la preservación (de los recursos naturales) y de la sustentabilidad de los procesos productivos apoyados en nuestros recursos naturales un ancla fundamental del proceso de desarrollo del país", sostuvo.

El jerarca destacó que Uruguay recobró en los últimos años sus niveles de crecimiento económico y de inversión productiva, antes entre los más bajos de la región. "Durante cinco décadas, desde 1955 hasta mediados de la década del 2000, Uruguay fue el país de América Latina con peores registros de inversión productiva, incluido Haití", aseguró Lorenzo. El ministro agregó que el país sudamericano "fue de los países de peor y más mediocre desempeño económico de largo plazo, tanto que los uruguayos no creían que pudiéramos crecer durablemente a tasas muy superiores al 1% acumulativo anual per cápita". Según el ministro, esto "en términos de bienestar fue dramático en la historia del país", y estimó que "un país que invierte poco necesariamente es un país que mira el futuro con escepticismo".

De la conferencia participó la subsecretaria de Estado para la diplomacia de Estados Unidos, Judith McHale, quien elogió a Uruguay en materia de democracia. "Cuando se miran países como Uruguay y lo que ha logrado en términos de democracia, creo que el impacto global de este país va mucho más allá de lo que indica su tamaño", dijo McHale, estimando que "puede convertirse en un modelo para otros países".

Monsanto: Fabrica armas de destrucción

Los alimentos de hoy, son sumamente peligrosos. Sin embargo, hablar de ello suele ser algo complicado. Los medios ridiculizaron a Evo Morales, cuando aseguró que los pollos de criadero eran inyectados con una gran cantidad de hormonas, cuyo único fin, es lograr el peso ideal en 30 días, cuando por vía normal demandaría 5 meses. No se equivocó al afirmar que tanto químico junto hace daño.

Monsanto fabricó el agente naranja que los EE:UU tiraron en Vietnam, un herbicida (mata plantas) que entonces se dijo era para despejar la selva y ver donde se ocultaba el vietcong; hoy en día se aprecian las mutaciones y mutilaciones y deformaciones genéticas en los vietnamitas sabiéndose que la idea era generar este terror.

El ridículo también es otra arma terrorista norteamericana, en el área mediática que domina. Y por lo segundo no se habla de lo primero.

El glifosato Roundup para la soja también lo fabrica Monsanto y es un herbicida que se presentaba como inocuo pero ahora sabemos que produce malformaciones genéticas ¿pasará Argentina de ser el país de las chicas más lindas del mundo a mutantes escondiéndose por ahí?

Los alimentos de hoy, son sumamente peligrosos. Sin embargo, hablar de ello suele ser algo complicado. Los medios ridiculizaron a Evo Morales, cuando aseguró que los pollos de criadero eran inyectados con una gran cantidad de hormonas, cuyo único fin, es lograr el peso ideal en 30 días, cuando por vía normal demandaría 5 meses. No se equivocó al afirmar que tanto químico junto hace daño.

Incluso, incide negativamente en la vida del espermatozoide y tanta hormona femenina, puede afectar sexualmente a los machos de distintas especies. Si lo que injerimos nos alimenta ¿no asimilamos también estos químicos? ¿Y como reaccionan en nosotros?. Esta es una verdad que en el campo científico se dice en voz baja. No porque sea mentira. A lo que le temen, es a la difamación y a como las corporaciones mediáticas manejan el tema, al punto de ridiculizarte. Esto hicieron con Evo Morales, y en pocas horas llenaron los espacios en todo informativo mundial generando la corriente de opinión de “si te metes en esto, haremos con vos lo que hicimos con Evo”.  Sin embargo, miedo al ridículo o no,  hay que hablar con la verdad como lo hace el Dr. Carrasco al denunciar que el mismo CONICET lo censura cuando trata de explicar la virulencia del glifosato. Los agrotóxicos son parte de un sistema productivo que afecta seriamente la salud humana. Al ser disruptores endocrinos, generan cambios irreversibles en la conducta sexual de los machos, ya que se comportan como hormonas femeninas. Esta química  produce una gran cantidad de machos estériles e impotencia, sin contar las deformaciones, retardo y desórdenes de aprendizaje porque actúan desde el embrión. Llegamos a la situación actual, por haber perdido soberanía alimentaria, y producción de granos primarios.

Si la sociedad está lista para debatir el tema, debemos hacerlo sobre la base de la verdad, por más que sea manipulada por algunos medios de difusión. Hay que tomar el riesgo porque el futuro de muchos seres humanos esta en riesgo en estos momentos. Dejemos las trivialidades cotidianas, y nos enfoquemos en una discusión seria. Debemos recuperar la salud perdida en manos de corporaciones que nos enferman para luego vendernos el antídoto. Hablemos de estas cosas sin temor, y expongamos el tema a la población para que sepa al menos, elegir entre contaminación de alimentos con sustancias químicas nocivas, o el de una alimentación sana y sustentable. ¿Tenemos producción de alimentos sanos y sustentables? La respuesta es NO y aquí entra a colación el titulo de la presente.

Milagro Sala, es una mujer que ha sabido organizar una comunidad marginada por este sistema económico y social. De a poco, con tesón y trabajo, pudo convencer a la gran masa de trabajadores latentes, que la única manera de salir de la pobreza, era con dignidad y trabajo. Así fue que comenzaron a organizarse en cooperativas, y de allí nacen las propuestas de financiamiento para una gran franja de seres humanos postergados por el sistema.

Esta organización excepcional de una mujer humilde, nos tiene que hacer pensar que es posible recuperar soberanía alimentaria. ¿Quienes lo pueden hacer?, solamente ellos, sí, ellos capaces de tomar una pala y un pico y trabajar la tierra. Tenemos que incorporar en la propuesta a los pueblos originarios porque poseen cultura ancestral de obediencia por la madre naturaleza. Reconocen que la tierra es la que les da sustento, y le rinden homenaje. Debemos aprender de ellos este gran ejemplo de respeto y entrega, considerándose “parte” y no “aparte” de la creación.

Si Milagro Sala pudiera organizar cooperativas agrarias con frutas y verduras sanas o  cooperativas de siembra de semillas primarias, recuperaríamos de a poco soberanía alimentaria con la manufactura de productos de primera necesidad sanos. ¿Usted compraría alimentos orgánicos? ¿Optaría por consumir productos sin herbicidas, sin agrotóxicos, sin modificaciones genéticas que alteran los patrones celulares?. Imagine semillas tratadas con alternativas sanas como la tierra de diatomea. De este modo, dejaríamos de lado una especulación alimentaria impuesta por los popes de la industria química armamentista, que descaradamente aterrizaron en nuestros campos trayendo veneno y desolación.

La tierra de diatomea, es la alternativa a estos agrotóxicos que nos matan y envenenan. Tenemos que incentivar a nuestros jóvenes e intelectuales para que sigan esta línea de investigación, y propongan alternativas baratas al tratamiento de algunas plagas. Muchos jóvenes que hoy se inclinaron ante los demonios de la droga y el alcohol, esperan ser redescubiertos, su oportunidad. La oportunidad que ellos mismos se puedan dar, para sentirse útiles y salvadores de una sociedad corrompida por un sistema que parece no tener solución. Sin embargo la tiene, y el secreto está justamente en nuestros compatriotas más humildes, aquellos postergados. Si, serán ellos quienes nos ayudarán a salir de esta barbarie especulativa. Necesitan tierras, asesoramiento tecnológico, y la oportunidad de demostrar que son útiles para la sociedad y creo, que de la mano de muchas Milagro Sala, y de políticas de desarrollo reales, podremos de a poco hacer pie en nuestra verdadera identidad, de una manera productiva, sana y prospera para todos.
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...
contador de visitas