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4/10/10

La dignidad humana es atropellada

Cuando Alexander Graham Bell inventó el teléfono, tuvo que apresurarse para que nadie le robase su idea. Patentándolo registró su invención, obteniendo el control de su uso en un futuro. Una patente es una concesión otorgada por un gobierno que proporciona al inventor los derechos exclusivos del invento para su uso, venta o fabricación durante un período de tiempo normalmente de 20 años.

Hasta la fecha sólo se habían otorgado patentes a invenciones técnicas y productos manufacturados. Ahora la ingeniería genética quiere patentar animales vivos, plantas e incluso células humanas. También, multinacionales como Monsanto, desean patentar genes de organismos vivos que han aislado con el fin de tener el derecho a utilizarlos para crear nuevas formas de vida. ¿Que vendrá después..?.

En EE.UU. patentar plantas y animales está permitido y quieren a través de sus multinacionales, extender esta fórmula al resto del mundo amenazando con guerras comerciales si no se les da paso a estos nuevos productos “genéticos”. Ahora, pretenden conseguir las patentes de genes y células humanas. Ya tienen almacenadas en bancos genéticos, células y genes tomadas a poblaciones indígenas para ser utilizados en un futuro de la manera que ellos deseen, y mientras tanto, la gente que es realmente propietaria de estos genes, ni siquiera pueden decir nada al respecto. Una empresa multinacional estadounidense, WR.Grace, ha patentado un proceso por el que produce el mismo pesticida que el generado por el árbol Neem. Aunque este ha sido tradicionalmente utilizado en la India durante siglos, sólo esta multinacional podrá lucrarse de su utilización a partir de ahora ¿Cómo es posible que se realicen estos crímenes contra la humanidad abiertamente, con descaro y protegidos por las leyes?. De igual modo, muchos representantes de empresas farmacéuticas, se internan entre los pueblos indígenas a la caza de remedios curativos que estos pueblos utilizan. Una vez localizado el tipo de hierva o planta que emplean ancestralmente y la forma de utilizarlo, lo patentan y a partir de entonces, nadie puede curarse con ese remedio sin pagar los derechos a la empresa que ha “robado” la fórmula. El nativo para utilizarlo tiene ahora que pagarlo tras robarle el producto. Increíble. Estamos en un mundo de locos donde impunemente se cometen atentados contra el bienestar mundial, contra la biodiversidad de la Tierra. Y claro, así nos va.

Permitir la patente sobre los cultivos generará un nuevo sistema de feudalismo en la que las grandes empresas multinacionales podrán dictar cuando, cómo y bajo que condiciones se podrán plantar sus cultivos de ingeniería genética.

En EE.UU. y en Europa se ha solicitado la patente de células de sangre del cordón umbilical de un recién nacido. La empresa que solicita la patente ha aislado las células de la sangre y posteriormente las ha congelado, con el fin de permitirles cobrar derechos a cualquier empresa que quiera utilizarla, incluso aunque sea destinada para transplantes o investigación. En la misma línea, un equipo de investigadores estadounidenses y británicos detectaron un gen que se cree el causante de incrementar el riesgo de cáncer de mama en mujeres. El gen fué patentado por los primeros y ahora, además de que sólo pueden beneficiarse económicamente los estadounidenses, los británicos no pueden hacer uso del gen para diagnosticar este cáncer. Lo mismo ocurre con otros tipos ce cáncer e incluso con las investigaciones para curar el SIDA.

La soja se encuentra en alrededor del 60% de los productos alimenticios manufacturados de los supermercados...en el pan, chocolate, pasteles, mantequilla, helados, pasta, etc.. Ahora intentan, nos guste o no, introducir la soja modificada genéticamente en nuestra dieta diaria. Para evitar que los consumidores efectúen un boicot, la mezclan con la soja normal y no va a ser reflejada en las etiquetas. ¿Con que derecho juegan con nuestras vidas?.

Los productos de soja modificada genéticamente no son más baratos, no tienen más sabor, ni son más sanos. Tampoco producen mayores cosechas. Ha sido diseñada para ser resistente a un herbicida de la multinacional agro-química Monsanto (más conocida como la empresa que desarrolló y produjo el agente naranja, el famoso gas que causó miles de víctimas en la guerra de Vietnam) llamado Roundup. Los beneficios de la multinacional aumentarán si consigue una amplia distribución de la soja transgénica, que contiene genes de una bacteria de virus de coliflor y de petunia. Se sabe muy poco de las interacciones que pueden tener estos nuevos tipos de secuencias de genes entre sí y con el medio ambiente.

Muchos de estos genes que las compañías multinacionales nos quieren hacer consumir, proceden de plantas y animales o incluso de otras sustancias que no son parte habitual de nuestra dieta (escorpiones, polillas, bacterias, virus, ratas, ratones, etc.). No se sabe aún los daños que puede producir en la salud el consumo de estos genes extraños a través de la carne, fruta, vegetales u otros alimentos. Introducir materiales no experimentados ni probados en los alimentos puede generar reacciones alérgicas. Las alergias son unas de las enfermedades más comunes y más difíciles de tratar.

Todo ser vivo tiene genes. Estos determinan cuál es la función de cada célula y se transmiten de generación en generación. Los genes aseguran, por ejemplo, que el ser humano se reproduzca dando origen a nuevos humanos y que las bacterias den lugar a nuevas bacterias. En la naturaleza, los cruces sólo pueden darse entre ejemplares de la misma especie o emparentados. Pero la ingeniería genética implica extraer genes de otras especies, por ejemplo de escorpión, e introducirlos en especies diferentes, como el maíz, creando una forma de vida nueva . Esta forma de manipular la vida ha sido descrita como un verdadero Frankestein.

Las empresas involucradas en la creación de cultivos y alimentos de ingeniería genética argumentan generalmente que lo que están haciendo es “mejorar” la naturaleza. Dicen querer hacer cultivos más resistentes a la maleza o crear frutas y vegetales mayores y mejores. Pero, de hecho, los principales beneficiarios de estos llamados “productos mejorados” serán las propias empresas que los fabrican. La soja de Monsanto está diseñada para ser resistente al herbicida que fabrica la misma compañía que, teóricamente, matará a la maleza en los cultivos, al tiempo que permitirá sobrevivir a la soja. Esto garantizará mayores beneficios para Monsanto, pues los agricultores que planten la soja de Monsanto, tendrán que usar además su herbicida. Este experimento con la naturaleza es un gran juego de azar.

Se patenta la vida. ¿A caso la hemos inventado? ¿A qué estamos jugando? ¿Que ocurre a este mundo deshumanizado que dejamos morir a los niños de hambre y tenemos la osadía de patentar la propia vida?.
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